GUILLE CORTEZ Y LOS TRES CERDITOS.

 GUILLE CORTEZ  GUILLOTINA Y LOS TRES CERDITOS.

Este es un cuento popular que no tiene una versión original clara y definida. Algunos de los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm son similares. A continuación, una versión un poco más ampliada 

                                   Foto, Teatro Manicomio de Muñecos
Nota:Valentina Maini – renombrada arquitecta española-destaca que, pese a las apariencias sobre una presunta fragilidad constructiva, existen casas de paja levantadas hace más de cien años, y resalta que la experiencia ha probado que "son casas muy eficientes desde el punto de vista del aislamiento, y más económicas que si se quisiera un nivel de aislamiento igual con un tipo de construcción habitual" (Maine,V.)

 Bueno acá va la historia:
Había una vez tres cerditos que eran hermanos, y se fueron por el mundo a buscar fortuna.
A los tres cerditos les gustaba la música y cada uno de ellos tocaba un instrumento. El más pequeño tocaba la flauta, el mediano el violín y el mayor tocaba el piano... Un día cansados ya de tanto rodar por el triste mundo decidieron que sería bueno construir casas, habitarlas, y que se yo, formar familias; tener hijos que a su vez un día decidieran partir por el mundo buscando fortuna. 
Les pareció una magnífica idea, y se pusieran manos a la obra, cada uno construyo su casa. Y bueno… ya conocen el dialogo que se suscitó entre ellos: - La mía será de paja - dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con facilidad; terminaré muy pronto y podré ir a jugar. 
El hermano mediano decidió que su casa sería de madera: - Puedo encontrar un montón de madera por los alrededores, - explicó a sus hermanos, - Construiré mi casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar. 


El mayor decidió construir su casa con ladrillos. - Aunque me cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y. Le pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de zanahorias.
 Cuando las tres casitas estuvieron terminadas, los cerditos cantaban y bailaban cada uno a la puerta de su casa.


Entre tanto... otros amigos departían alegremente, uno de ellos,Guille Cortez Guillotina –carnicero de profesión- afirmaba a sus amigos que por naturaleza él era investigativo; Incluso las pequeñas notas informativas que en sus archivos acumuladas así lo avalaban; y, que dado su esfuerzo y dedicación investigadora, había llegado a la conclusión de que aquellos nuevos sonrosados vecinitos, resultaban extremadamente sospechosos, era necesario vigilarlos de cerca.
Para aclarar dudas decidió trabar amistad con los tres alegres nuevos vecinos. Vale aclarar que Guille habitualmente finge profesiones ajenas a la suya; bien puede ser naturista, abogado. Escritor, museólogo, etc.
Fue precisamente como museólogo que se presentó ante los tres cerditos. Departió con ellos, los obsequio con una cesta llena de verduras y los invito a visitar un extraño lugar llamado: Museo Guillotina. Así, a secas. Los tres cerditos ignoraban la verdadera profesión de su amigo, ignoraban así mismo todas las dimensiones de un acontecimiento que para nadie era oculto.
Un suceso ampliamente difundido en el barrio, solo que los tres cochinitos embebidos en la construcción de sus casas, de ello nada habían escuchado, pero que se agotó en todas sus facetas noticiosas, de ello no hay duda. 
La parrillada, con la que se recogerían fondos para la construcción de la parroquia debería ser por todo lo alto: con intestinos de cerdo relleno, piel de chancho frito, sucias pezuñas disueltas en sancocho y mugrientas orejas en salsa. En fin, que cada quien tiene sus gustillos. Pero los chanchitos, de ello nada sabían, se dieron a vivir a lo iguana, tomando café a la hora del té, tecillos y cafecillos a los que Guille Cortez, asistía gustoso. un olorcito a jamón caliente se extendía por toda la estancia, lo hacía palidecer sudar y luego enrojecer. ─! Que si no son chanchos estos vecinos! me frito el pellejo!─ Gritaba para sus adentros. Los tres cochinillos empezaron a sospechar cuando al despedirse al les daba un pequeño mordisquillo cariñosillo en las orejitas.
 ...Es difícil pasar desapercibido sobre todo su hueles a jamon y a especias, si hueles como por así decirlo a... futuros asados, una realidad que, por su propia naturaleza, no es una verdad destinada a permanecer oculta durante mucho tiempo. Tal es el caso de tres personajes que ingresaron al lugar creyéndolo museo de momias. 
 La vista al museo de momias resulto sencillamente terrorífica, los tres cochinitos sentíansé a punto de desmayar. Guille Cortez, guiando el recorrido hablaba con la pasmosa tranquilidad de un perito; les explicaba la importancia de aquel museo y sobre todo como enriquecer los estudios antropológicos.  Y que si ellos así lo preferían, bien podrían firmar un certificado de donación de órganos, lo cual garantizaría que a su muerte sus cuerpos pasarían a ser parte de aquella inmensa galería de importantes personajes de la historia. Bien entrada la noche arribaron a casa del hermano mayor -que como bien sabemos, había sido construida en ladrillo-. 
Los primeros rayos del sol se colaron por una gran fisura que apareció así no mas, sobre la terraza de la construcción, la casa en pleno amenazaba venirse abajo en cuestión de segundos. Mucho corrieron los desdichados chanchitos, poniéndose a salvo justo para escuchar el estruendo de la casa desplomándose.
 Se refugiaron en la casa del segundo chanchito, que sabemos era de madera no inmunizada, mucho menos tratada contra humedades o repentinos incendios, lo cual precisamente sucedió justo a su arribo a la estancia, extraños acontecimientos aquellos- Repetían asustados- 
Con el rabo chamuscado, huyeron a toda prisa, no les quedaba más alternativa que la humilde choza de paja. Guille: un hombre que no dejaba nada al azar, lo tenía todo calculado, si la casa de ladrillo al caer sobre ellos nos los guillotinaba, la madera al arder los asaria y, allí mismo levantarían la primera piedra para la construcción parroquial. La fe queridos míos es un tema de importancia vital.- decía- Todo estaba servido en bandeja de plata.
Los tres vecinitos, corrieron despavoridos a la choza del menor. No resulto tan endeble como lo cuentan, Valentina Maini, -reconocida arquitecta- declara que son solo apariencias su supuesta fragilidad, que son casas resistentes incluso al paso de los años. Allí se refugiaron. Seguro nadie lo sospecharia.

Guille Cortez, se consuela comiendo empanadas de papas con guiso, y ha jurado que a él nadie lo engaña, y, que esos tres vecinitos huelen a tocino. 
Versión dos, de los tres chanchitos.
Martha Elena Loaiza

Buenos Aires

Colaboración, Silvia Vásquez.   Brillan los pétalos de una flor pesada al amanecer. Unas cuadras más al fondo, el río marrón acaricia las or...