PERFILES :Resfa Evelia


                                           San José de la montaña

Es una vereda del corregimiento de San Cristóbal,  habitado campesinos y campesinas, desde siempre han estado cultivando nuestras espinacas, nuestra cebolla, nuestras naranjas. Todas las delicias de la tierra están allí no más, en el Kilómetro 12 antigua vía al mar.


Allí, debajo de un alero y al calor de un café nos sentamos Doña Resta y Yo, ella con su voz cargada de vida y de ternura desgrana historias mientras sus manos desgranan arveja.

 Cuando yo era niña-inicia- me daban unas pelas y me iba por allá al monte. ¡Vivía metida en todos eso pastizales comiendo duraznos, eso sí me escogía los mejores, los más rosados y jugosos! Entonces mi papá me llamaba: ¡Resfa Evelia!  - donde estará esa muchacha?  ¡Y ella en el monte!
Me levantaba a las tres de la mañana a moler el maíz y a hacer arepas, que en mi casa había que hacer hasta cuarenta arepas diarias para los trabajadores que eran como treinta y para nosotros quince hijos más los viejos. Éramos ocho hombres y ocho mujeres.
 Después cogía para arriba a Boquerón con una olla llena de almuerzo, para mis hermanas y para mí, no había ni portacomidas en ese tiempo. Entonces era una olla de comida y una botella llena de leche, en ese tiempo no había la comodidad que hay ahora. ¡No, eso no!
Recuerdo que forrábamos los cuadernos con papel periódico, pero yo me las ingeniaba para no ver esos cuadernos ¡tan pobres, Eh ave María! En mi casa compraban cuido para los cerdos, venia en unas bolsas de papel grueso, entonces yo cogía esas bolsas y forraba los cuadernos y les adornaba con estampitas y bobaditas y la profesora se admiraba de eso.
Un día en la escuela cuando hacíamos la fila para orar, alguien me dio un codazo en el pecho y le digo a la profesora: ¡mire que me golpearon el pecho y yo tengo una enfermedad que hasta me está creciendo y me lastimaron! Entonces… ella me explico lo de los senos.
 Otro día me enviaron por una leche y me caí y llegué a mi casa y le dije a mi mamá que la leche se me había derramado y para colmo me había reventado por dentro y estaba sangrando. Entonces ella me dijo que eso era normal, que les pasaba a todas las mujeres, pero que no le fuera a contar a las otras hermanas menores.
Yo solo estudie hasta tercero de primaria. Cada dos por tres, llegaban a la escuela y me decían: ¡Vea, que se vaya para su casa que su mamá está muy enferma, Y la enfermedad era que la virgen le había traído otro muchachito! ¡Entonces me tocaba ir a arreglar una gallina, me la pasaba en esas ¡arreglando gallinas! Me decían en la casa, que los niños los traía la virgen y yo decía: ¡pero no veo el hueco por donde entro la virgen! y me daban unas pelas. Toda aburrida me metía entonces al monte a comer aguacate o duraznos, un día hasta un huevo de gallina crudo me comí.
Venia del monte cargada de moras. ¡Me encantaba coger morar hacer dulce y darle a toda esa “chinchamenta” que había traído la virgen!
Claro en mi casa había una señora que lavaba el piso y la ropa, Yo la ayudaba. la ropa la lavábamos en una piedra en el río.
A mí me toco cuando la vía al mar era destapada, y no podíamos salir con una blusa negra porque nos volvíamos nada.
Teníamos un vecinito que me gustaba mucho-se llamaba Libardo- él iba a llevarnos la leche y yo le servía lo mejor y le decía a mi mamá ¡que muchachito tan lindo! El venía a ayudarme a llevar el almuerzo para mi papá que trabajaba abajo… abajo. Llevaba una cazuela con carne molida y arroz y eso me pesaba mucho, las arepas las llevaba en una bolsa, más de una vez se me rodaron las arepas. y yo me peloteaba con esa comida. Como en mi casa no había hombres grandes, entonces las mujeres éramos las mandaderas, había que llevar la comida a la hora en punto, ¡y si no me daban unas pelas!
Un día vino Libardo todo lindo a proponerme que si éramos novios y yo le dije que le daba la respuesta después, pero estaba enamoradísima.
Luego se apareció Libardo con las argollas y nos comprometimos en matrimonio, hicimos las fiestas de vísperas de matrimonio. ¡tenía unas ganas de casarme! para estrenarme esa ropa tan bonita! era un vestido negro con guantes y un velo! ¡Yo bordé todo el ajuar con unas iniciales (un monograma) y lo fui guardando en un baúl!  ¡Imagínese!  cuando en esos tiempos íbamos a pie a la iglesia, nos íbamos descalzas y nos lavábamos en una fuente cerca al pueblo y allí nos poníamos los zapatos.
Nos casamos Libardo y Yo en la iglesia de san Cristóbal, donde me bautizaron e hice la primera comunión. El cura párroco ya me había dicho que yo tenía que cumplir mis obligaciones matrimoniales. Entonces yo invitaba a dormir a mis hermanitos conmigo porque tenía mucho miedo que me tocará un hombre. Y yo con esa pena del marido. Hasta que Libardo me dijo esta casa es para nosotros solos. No para que vengan dormir sus hermanos. Luego empezaron a llegar los hijos, Nueve en total.
Aquí, en mi tierrita que fuera de papá y mamá, me crié, crié a mis hijos, vivo feliz y agradecida con mi Dios. El viejo ya no está, estoy Yo sola con mis hijos que viene a verme, con mis hijas que me hacen reír, con mis nietos que me dan felicidad, con los gatos que me vistan y con amiguitas como usted.

                                       ! Eso sí es muy linda la vida ¡Eh ave María! ¡Mija Por Dios! 

                                                                                                                    concluye.


Este es el resultado de mi palabreo con doña Resfa Evelia; en  kilometro 14, antigua vía al Mar.
con amor: Elena L

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