MUJER . SOLO DILO


Las mujeres en todos los rincones del mundo somos  victimas  del olvido.



Mi voz es:
¡Mujer! ¡Solo dilo!
Cuéntanos, ¿Qué querías ser antes de que te confinaran al espacio íntimo y te coronaran con el nombre de "reina del hogar", así en ello se te fuera la vida misma?

Mujer, tú, que entre toda la humanidad has sido la más pobre de los pobres, que has estado lejos de tus sueños, que has vivido entregando tu vida al servicio de los otros, de las otras; quedando, por tanto, relegada, embalsamada bajo un trapo llamado delantal. Paño de lágrimas, con bolsillos repletos de lo que otrora fuesen ideales, convertidos luego en avioncitos de papel que nunca se echaron a volar.

Mi propuesta, por lo tanto, es: Mujer. Solo dilo. Entre susurros o a voz en cuello, entre lágrimas o con sonrisas. Cuéntanos tu experiencia, que el tiempo transformó en proyecto de vida, y en ello se te fue la vida misma.

Solo dilo. Porque tu experiencia en el tiempo se debe transformar en un proyecto de vida. ¡De tu vida!

Olvidaste que un día querías ser poeta, cantante, actriz. Cambiaste tus ideales por el título de "reina del hogar". Allí tu voz queda ahogada, y el mundo se ha perdido de escucharte.
Sí, la cultura habría sido más rica y más prolífica tal vez, si no hubiésemos agotado todas nuestras fuerzas en ser las reinas del hogar. Si hubiésemos sido las reinas de nuestra vida.
El Estado debería promover y crear espacios desde donde se nos compense por el dolor que nos ha causado el patriarcado.

Mujer. Solo dilo. Cuéntanos, queremos plasmarlo y que quede para la historia, para el recuerdo. Que sirva de inspiración a aquellas que habrán de sucedernos, que serán herederas de nuestro empeño por mostrar que una mujer es algo más que la "reina del hogar".
Entre susurros o a voz en cuello, cuéntanos las historias que harán parte de la memoria, como huella visible en la práctica y en la narrativa, que darán cuenta de nuestra forma de habitar el mundo.
Deben existir políticas de gobierno que nos compensen por el dolor que el patriarcado ha causado cabalgando sobre nuestras espaldas, dejándonos en el cuarto del olvido y enterrando nuestros sueños.

A mí me espera siempre, al doblar la esquina, mi historia, y me grita:
¡Solo dilo!


Martha Elena Loaiza







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