PERFILES: Dolly Alexandra Gómez Marulanda

"Descubrí que lo único que poseía era mi cuerpo…. como aquel equilibrista que vivía en una cuerda sobre un abismo; había nacido en una casa sobre una cuerda, una casa que podía caerse en cualquier momento y pronto se da cuenta de que no hay otro lugar para vivir"

 
Hola me llamo Dolly Alexandra Gómez Marulanda,  nací en el barrio Antioquia, donde el tango era algo vivencial.
Mis abuelos eran bailarines profesionales, esa palabra actualmente tiene un sentido muy diferente, así que no se imaginen acrobacias, cuerpos atléticos, entrenamientos prolongados, mejor imagínense una milonga de barrio. Cuando yo los vi bailar ya eran ancianos, y bailaban con pasos pequeños pero muy rítmicos, y con mucho carácter. 
Además del tango en las fiestas se bailaban porros, pasodobles, cumbias, sones, salsa. Todos bailaban, también bebían mucho.


Crecí viendo a la gente bailar, aprendí a bailar, viendo bailar, sola abriéndome en Split, a un lado del patio que en las fiestas se transformaba en pista de baile.  Viendo bailar a mi abuela con mi abuelo…tango…viendo a mis tías, a mis tíos, a mi madre…viéndola bailar con otros hombres pues mi padre no sabía o no quería, o no le gustaba…entonces él se ponía celoso y agresivo… y peleaban.

Empecé a odiar los bailes... los bailes de pareja…no quería volver a las fiesta familiares, quería quedarme sola en casa, o con mis amigos, paralelamente la ciudad entraba en otras dinámicas  
y los sonidos y los ritmos en las fiestas familiares fueron dando paso a otros más empobrecidos, cada vez había más conflictos, todos peleaban…





La ciudad estaba asolada por la violencia, y todo comenzó a cambiar, mi padre fue asesinado, los abuelos morían de tristeza, todos los días levantaban cadáveres en las aceras, estallaban bombas, las familias fueron diezmadas, no podíamos salir a la calle y yo definitivamente abandonaba la niñez.
Los conflictos estaban en todas partes, especialmente adentro de mi ser, e inevitablemente los cambios comienzan a ocurrir,  cambio de colegio privado de monjas donde las jóvenes eran novias de mafiosos, al colegio  público don de las jóvenes son novias de matones…
Sigo sola observando la danza del mundo a mi alrededor, caminando de casa al colegio y del colegio a casa, probando el cigarrillo, formando mi tribu, explorando mi sexualidad, sin rituales de paso ni nada que se le parezca, entro a la universidad consigo mi primer novio, peludo, de mochila  y anarquista . 
Nunca pude cumplir las expectativas que mi familia tenía puestas en mí  y mi ingreso a la universidad sería la ruptura definitiva con el ya desintegrado mundo familiar, allí  con una total inexperiencia, sin orientación y con una rebeldía en crecimiento empiezo a dar los primeros pasos en la búsqueda de mi autonomía e independencia.

 Inicié clases en el grupo de danzas de una Universidad. A los pocos días de haber ingresado se celebraron las jornadas universitarias, y el grupo tenía una presentación para esas fiestas, un bullerengue… el profesor me propuso salir a bailar unos minutos antes…yo nunca había ensayado, no me lancé al ruedo…me dio miedo…nunca volví al grupo. Siempre me pregunto… ¿qué habría pasado?

Luego quise hacerme deportista, pues mi cuerpo reclamaba movimiento. Me entregué a prolongadas jornadas de entrenamiento, pues quería contorsionarme, jugar y saltar…pero mi mundo emocional y mental no estaban preparados para esto…pasado un tiempo estaba deprimida, afortunadamente a nadie le importó, nunca tuve terapeuta ni pastillas…me curé sola… y cambié de ciudad.

Descubrí que lo único que poseía era mi cuerpo…. como aquel equilibrista que vivía en una cuerda sobre un abismo, había nacido en una casa sobre una cuerda, una casa que podía caerse en cualquier momento y pronto se da cuenta de que no hay otro lugar para vivir.
La danza para mi es la cuerda, es esa tabla de salvación en un océano de irrealidad, de sin sentido, océano de inmensidad inabarcable, que comienza a ocurrir en cada una de las células, en los órganos, en los tejidos…en las playas, en los patios de las casas antiguas, en las piedras, en el agua…en los sueños…y al final, con los ojos cerrados, las manos en mudra, y el sonido cósmico del Om, el baile se disuelve en la nada.
"Recuerdo mi primer nacimiento en el agua. Todo a mí alrededor era una transparencia sulfúrea y mis huesos se movían como si estuvieran hechos de goma. Me balanceaba y flotaba, parada sobre mis dedos flácidos; escuchaba sonidos lejanos, sonidos más allá del alcance del oído y veía todo más allá de lo que el ojo humano puede." 

Anais Nin – Henry and June.


Este es el resultado de mi palabreo con Dolly Alexandra,
 Era una tarde lluviosa, en el Jardín Botanico de Medellin.
Gracias hermosa, valiente y talentosa mujer por abrirnos tu alma.
Con amor
 Elena L.





Buenos Aires

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